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Los orígenes de la memoria: San Juan Pata, Los Xauxa y Hatun Xauxa
Carlos H. Hurtado Ames, historiador.

Por lo general la memoria histórica de los jaujinos, cuando se hace referencia a los tiempos más antiguos, suele remontarse a los tiempos de los Xauxa y los Huanca, es decir al segundo periodo de los señoríos regionales o intermedio tardío, de acuerdo a la clasificación ya establecida en los estudios arqueológicos.
Sin embargo, hay un periodo anterior, que cronológicamente comprendería desde la llegada de los primeros pobladores a la región, hace más de 10,000 años, hasta el desarrollo de los Xauxa y los Huanca antes de su anexión al Tahuantinsuyo en 1460. Este periodo es, pues, el más largo de nuestra historia y corresponde al llamado desarrollo autónomo. No hay muchos estudios sobre este espacio de nuestra historia y sobre los que fueron actores sociales en dicho momento.
Sabemos, no obstante, que precisamente fue en la región que comprende la actual provincia de Jauja, donde se establecieron los asentamientos matrices, de donde posteriormente se expandió la cultura a las demás regiones de la sierra central peruana. Por esta razón, es de mucha importancia estudiar a estas sociedades, que en la huella material aún es posible de ser observada, a través de los muchos restos de material ceramográfico que ha quedado y que han ido encontrando diversos especialistas y aficionados en nuestra región.
Evidentemente, más es lo que sabemos del tiempo de los Xauxa, no sólo por la importante cantidad de estudios que felizmente ahora existen sobre esta cultura. Ello nos ha permitido tener un panorama más claro sobre muchos de sus aspectos antes ignorados, sobre todo diferenciarlos claramente de los Huanca, con los cuales durante mucho tiempo se los confundió, sobre todo por su semejanza en la cultura material, como es la construcción de viviendas en las partes altas de los cerros. Incluso se llegó a sostener la existencia de un “Reino Huanca”, que a la luz de las nuevas investigaciones aparece ya como un planteamiento sin ningún tipo de respaldo empírico. La derivación que se hiciera, hace no mucho de esto, en una supuesta “Nación Huanca” con una identidad común a todo el valle del Mantaro, es parte a la vez de esa necesidad de inventar una tradición, inventarse un pasado, que necesitan ciertos pueblos para legitimarse. Como veremos este no es el caso de Jauja.
Con la llegada de los incas a la región, termina el periodo que corresponde a la época prehispánica. Lo más importante para la historia de Jauja de la presencia de los Incas en la región, es el establecimiento de un centro administrativo, que, como se ha señalado, era uno de los más importantes en el Tahuantinsuyo, el centro administrativo de Hatun Xauxa, el mismo que maravilló a los españoles. Ha decir de algunos autores, como mostraremos, era la segunda ciudad inca en importancia, después del Cusco naturalmente. Un aspecto que no se destaca de la manera necesaria y que a la vez es ignorado por la mayoría de jaujinos.
En el presente trabajo enfatizaremos, entonces, ese carácter particular que ha tendido la historia prehispánica en la zona. Nuestro fin no es hacer propiamente una historia cronológica y minuciosa de esta etapa de la historia de Jauja, sino el de destacar los procesos más importantes y que se deben tener presente a la hora de pensar nuestra historia como totalidad, y plantear los elementos también a tener en cuenta a la hora de reafirmar nuestra identidad.

1. El origen de la cultura en Jauja: San Juan Pata
Gracias al trabajo arqueológico que han venido realizando diferentes investigadores en la zona, sobre la base de los pocos vestigios que han quedado y el correspondiente análisis del material lítico y ceramográfico, sabemos ahora que el origen de los primeros grupos para el proceso de poblamiento de nuestra región, tuvo sus raíces en el área selvática, desplazándose del nor-oriente hacia al sur de la sierra central. Según los estudios de Ramiro Matos Mendieta, estas oleadas migratorias se habrían iniciado en la zona nor-oriental de Huargo y Lauricocha, prosiguiendo la ruta por Huanuco, Cerro de Pasco, Junín y hacia el valle del Mantaro; teniendo un avance gradual hacía el Sur y dejando evidencias en Parimachay, Ccorimachay y Pachamachay en Ondores, Junín, con un fechado de 9010 a.C. La probable ocupación más temprana en Jauja habría sido el abrigo rocoso de Tuntaya, con un fechado aproximado de 4850.
Ahora bien, es un tanto arbitrario establecer un origen propio para el proceso histórico que ha vivido nuestra región. Sin embargo, sobre la base de lo que hasta ahora se ha venido investigando, es posible afirmar que los primeros asentamientos de importancia en todo el valle del Mantaro, se dieron en la zona que comprende la colina de San Juan Pata, ubicada en el barrio de la Samaritana en Jauja.
En efecto, en San Juan Pata se dio la primera ocupación de una sociedad organizada agro-alfarera, alrededor de los 800 a.C., como ha señalado también el arqueólogo Ramiro Matos Mendieta, en la región. Siguiendo a este mismo autor, otro sitio de importancia es el de Ataura o Ataura Pata, también por la misma fecha. Este dato es de suma importancia, ya que nos permite concluir, que el origen de la cultura en la zona se dio a partir del establecimiento de estas sociedades y de ahí se extendieron al resto de la región. Es decir, el origen del desarrollo cultural en la sierra central se dio, pues, en el territorio que comprende la actual provincia de Jauja.
Otros autores como Arturo Mallma, designan a esta cultura con el nombre de Xauxa. Sin embargo, es pertinente señalar que en realidad no sabemos como se denominaban así mismos estas sociedades. El nombre de Xauxa es sugerente pero se presta a confusión, debido a que con el mismo nombre se identifica a su vez a la etnia que fue conquistada por los incas durante el periodo de la segunda regionalización, como veremos más adelante. Esta misma sociedad, siguiendo la argumentación de Mallma, existió como una unidad socio-económica con características propias, y se expandieron a las zonas altinas del valle de Yanamarca, debido al crecimiento poblacional y de la actividad ganadera. Fue un grupo cultural que tuvo características propias y comprendería desde el 1200 hasta el 100 a.C. Entre los restos más importantes que han quedado de estas sociedades están el material ceramográfico que puede ser visto en el museo del Centro de Estudios Histórico Sociales “Julio Espejo Nuñez” en Jauja, y se tratan de figuras antropomorfas con característica específicas, y de cuya interpretación se especula bastante. Otra colección pequeña pero significativa, puede ser apreciada a su vez en la colección privada del profesor Henoch Loayza en su llamada “Casa del Caminante”.
Esta misma sociedad, durante el Horizonte medio (600 d.C.-1100 d.C.) esto principalmente influenciada por la expansión Wari, de lo cual ha quedado abundante evidencia cerámica. Arturo Mallma también señala que durante este periodo habrían optado por vivir en las zonas altinas, iniciando la construcción de las llactas fortificadas, debido a las constantes presiones e invasiones foráneas, produciéndose el abandono total de San Juan Pata. De la presencia del imperio Wari en la región tampoco hay muchos estudios. Ha quedado como testigo del paso por la región de los waris la múltiple toponimia, siendo el caso más notable el templo de Warivilca, ubicado en la parte sur del valle. La mayoría de los asentamientos waris que se localizaban en Jauja se establecieron en las partes bajas, por lo que mayoritariamente han sido afectadas por el crecimiento urbano. En algunas colecciones privadas es posible de apreciar el material que han dejado lo waris de su presencia en Jauja.

2. Los Xauxa: aclarando las confusiones
Los Xauxa es la etnia que se asentó en la región que actualmente comprende el territorio de la actual provincia de Jauja durante el segundo periodo de los gobiernos regionales, también llamado como el intermedio tardío.
Durante mucho tiempo los Xauxa han sido confundidos constantemente con los Huanca, que se ubicaban en la parte sur del valle, debido a la similitud observada en su cultura material como la construcción de estructuras de piedra de planta circular como viviendas, la localización de sus asentamientos en cumbres de cerros y partes elevadas sobre el valle y el uso de géneros similares de cerámica. Gracias al trabajo que han realizado varios investigadores de la vertiente de la arqueología y la lingüística, así como una cuidadosa lectura de las crónicas y otras fuentes administrativas, se ha podido establecer que se trata de grupos disímiles. De acuerdo ha esto, todos los planteamientos y trabajos que argumentan una unidad traducida en un reino, en este caso el llamado “Reino Huanca”, deben ser revisados, así como también deben ser revisadas las muchas “deducciones” que a partir de ello han hecho muchos autores, sobre todo en el aspecto local, tergiversando y dando una idea equivocada al imaginario de la población.
Ha sido a partir de los trabajos del historiador Waldemar Espinoza Soriano que la idea de los huancas como un reino unificado se ha extendido. Además, los trabajos que Espinoza Soriano ha realizado sobre los señoríos nativos de la zona y el temprano siglo XVI, de manera particular Los Huancas aliados de la conquista (1971) e Historia del Departamento de Junín (1973), han influido enormemente en los estudios posteriores. Sumado a la existencia de un “reino”, Espinoza Soriano ha sostenido la existencia de una capital del mismo, que dice fue la ciudadela de Tunanmarca y que todo el “reino” estuvo gobernado por un rey o jatuncuraca de carácter hereditario, con poderes omnímodos y cuyo nombre se ignora (Espinoza 1971: 35 y 38). Espinoza Soriano también es el que ha difundido la existencia de un supuesto Escudo Huanca y las bases para sustentar la idea imaginaria de una “Nación Huanca”. Los planteamientos de Espinoza Soriano han permanecido como inobjetables durante mucho tiempo. Incluso aún hoy, en la provincia de Huancayo, estas han quedado como verdades que no tienen discusión.
En principio, Espinoza Soriano no menciona las fuentes que lo han llevado a postular la existencia de un reino en la región con capital incluida. Al menos en las crónicas y la documentación administrativa existente no hay evidencia de los mismos. Lo único que someramente se aproxima a esto, son un par de líneas poco claras en el Inca Garcilaso de la Vega, cuya crónica hace tiempo se sabe hay que leer con cuidado, cuando al referirse a la “provincia de Xauxa” dice que está habitada por más de 30 mil vecinos, pero “todos debajo de un nombre y una misma generación y apellido, que es Huanca” (Garcilaso de la Vega ?1609? 1996: 349). No quisiera pasar por el rito de “desmenuzar” esta cita del célebre cronista nuestro para alegar algo a favor de lo que vengo sosteniendo, y tampoco pretendo discutir la discursividad histórica de autor de los Comentarios reales. Se sabe que Garcilaso proveía al lector no una explicación sino un amplio grupo de posibles interpretaciones, dándole al lector prudente la responsabilidad de elegir la verdadera. El hecho de que el título del capítulo donde se hace este comentario empiece refiriéndose a la “provincia de Xauxa”, para mi es sintomático.
En realidad esto es algo que se puede comprobar en todas las crónicas que hacen alusión a la región, se refieren a ella como la región de Xauxa o valle de Xauxa.
Contrariamente a los postulados de unidad de Espinoza Soriano, las fuentes históricas sugieren una fuerte fragmentación política entre las etnias del valle del Mantaro. En las crónicas, el cronista temprano Pedro Pizarro, hace una observación importantísima sobre la diferencia entre estas dos etnias:
“Estos naturales de Xauxa son dos parcialidades, unos llaman Xauxas, y otros Huancas (…) Los Xauxas traen unas fajas coloradas alrededor de las cabezas, de anchor de una mano; los Huancas las traen negras” (Pizarro ?1571? 1944: 70).
Además de la distinción del nombre, este cronista hace referencia de una distinción de la vestimenta, lo que sugiere a su vez una identidad que se representaba simbólicamente mediante el color del llauto, en el caso de los Xauxa el color colorado.
Pero no es sólo en las crónicas donde no encontramos evidencias sobre una supuesta unidad política en la región. Últimos trabajos que han realizado diversos especialistas en la zona, no encuentran respaldo para sostener la existencia de un “reino Huanca”. Por ejemplo, Terence D´Altroy, desde la vertiente de la arqueología, señala lo siguiente:
"Contrariamente a los reportes de un reino Wanka unificado [se refiere a las afirmaciones de W. Espinoza], los datos arqueológicos señalan la existencia de un conjunto de numerosas unidades políticas en competencia dentro de la región. Lo que ocurre es que, simplemente, una identidad étnica común no implica necesariamente una unificación política. El poder sociopolítico en la sierra central en el Intermedio Tardío estuvo dividido entre numerosas unidades políticas autónomas, aunque las sociedades de la región se estaban volviendo cada vez más centralizadas y estratificadas." (D`Altroy 1992: 70).
De otro lado, Rodolfo Cerrón Palomino ha observado que en el caso del valle del Mantaro, los fenómenos lingüísticos parecen correlacionarse estrechamente con los eventos históricos. Es decir, las fronteras de las variantes del quechua que existen en el valle, coinciden plenamente con los límites territoriales de lo que fueron los repartimientos del valle, Hanan Huanca, Lurin Huanca y Hatun Xauxa. De este modo, lejos de observarse una unificación lingüística como resultado de la existencia de un reino, se advierte por el contrario una fisura entre lo que Cerrón Palomino denomina como Shausha y Huanca (Cerrón Palomino 1989: 54).
En el interrogatorio hecho por Andrés de Vega a los principales señores del valle del Mantaro en 1582, publicadas en las Relaciones Geográficas de Indias, los informantes indicaron que:
“...antes del Inca, nunca fueron sujetos a nadie, más de que en cada uno destos repartimientos tuvieron y conocieron por sus señores á los indios más valientes (…) [y] traían guerra unos con otros por adquirir más tierras, y no salían fuera deste valle á pelear, sino era, dentro del valle, los de la una banda del rio que por él pasa con los indios de la otra...” (De la Vega 1881: 84 y 85).
Lo que sugiere un clima de fuerte competencia y fragmentación política, y corrobora la no existencia de ningún tipo de unidad traducida en un reino. El hecho es de suma importancia, porque es la raíz de una diferenciación étnica que persiste hasta la actualidad. Es decir, los jaujinos no se consideran “huancas”, para ellos huancas son los de Concepción para abajo. Esto, lejos de ser una división producto de una definición escolar, ella se alimenta de un sentimiento ancestral que se remonta a por lo menos el siglo XII, cuando fueron actores activos los Xauxa. Así las cosas, lo particular del ser jaujino y de lo que es el jaujino, se remonta, en consecuencia, hasta este periodo. La importancia de los Xauxa para los jaujinos está, pues, presente a lo largo de toda su historia.
De acuerdo a los estudios que existen sobre las etnias de la región, podemos señalar que el apogeo de los Xauxa, como ya se ha dicho, se dio en el periodo de los segundos desarrollos regionales o intermedio tardío y comprendería entre los 1000 a 1460 d.C. Las ciudadelas de esta etnia tenían por característica que se ubicaban en las partes altas de los cerros. Las casas eran de planta circular y con pequeñas ventanas, lo que todavía es posible de ser observado en los varios centros arqueológicos Xauxa que existen en la actualidad.
De las muchas ciudadelas que han quedado, son de destacar dos en particular, que a la vez eran las más importantes de la sierra central y estaban en un claro proceso de desarrollo social, político, económico y cultural, cuando fueron conquistados por los incas. Estas ciudadelas son Tunanmarca y Huajlasmarca respectivamente.
Debido a su grandeza e imponencia, durante mucho tiempo también se ha considerado a Tunanmarca como la capital de ese supuesto “Reino Huanca”, que ya hemos señalado jamás ha existido. Por lo mismo, ese dudoso honor debe quedar en el olvido. Tunanmarca es una de las ciudadelas Xauxa de las más importantes en la sierra central peruana. Junto a Tunamarca, le sigue en importancia el sitio de Huajlasmarca, de la que por ahora no es necesario entrar en detalles.
El desarrollo de ambas ciudadelas nos ejemplifica el alto grado de sofisticación que se estaba dando en la zona. Es decir, cuando los incas llegaron a la región, según se desprende de las crónicas y otros estudios, aproximadamente en 1460, el proceso de complejización más acelerado e importante se estaba dando en el lado de los Xauxa. Es posible inferir que este hubiera devenido en una etnia mucho más importante hasta derivar en una sociedad altamente compleja, con un estado y estructura militar muy fuertes. Los incas interrumpieron este proceso.
En cuanto al aspecto religioso, las crónicas coinciden en señalar la veneración que se le tenía al puquio de Huarihuillca, ubicado a unos seis kilómetros hacía el sur de la actual provincia de Huancayo. Pedro Cieza de León señala lo siguiente:
“Estos Indios cuentan vna cosa muy donosa: y es, que afirman que su origen y nascimiento procede de cierto varón (de cuyo nombre no me acuerdo) y de vna mujer que se llamaba Vrochumbe, que salieron de vna fuente, a quien llaman Guaribílca. Los quales se dieron tan buena magia a engendrar que los Guancas proceden dellos. Y que para memoria destos que quentan hizieron sus passados vna muralla alta y muy grande: y junto a ella vn templo: adonde como cosa principal venían a adorar” (Pedro Cieza de León [1553] 1986: 243).
El panteón andino de la región es muy complejo, del cual a su vez no hay mucha información, salvo alguna oral que se encuentra dispersa. El dios local era Huallallo Cargüincho. Las referencias sobre esta huaca aparecen en el Manuscrito de Huarochirí, donde se hace referencia que se trata de un dios caníbal que pedía sacrificios para su culto. La huaca Pariacaca, tras una fiera batalla, lo expulso a la región de los Xauxa y los Huanca.

3. Presencia de los incas en el valle de los Xauxa
La presencia de los incas en la zona es un momento clave en la historia de los pueblos que conforman el valle del Mantaro. Esta afirmación cobra validez a luz de los acontecimientos que siguieron tras la llegada de los españoles al Tahuantinsuyo. Nos referimos al tantas veces mencionado colaboración que hicieran las etnias originarias de este lugar en beneficio de los españoles para la posterior conquista del Imperio. El hecho ha generado controversia porque ha sido definida en términos de una alianza. Son hechos conocidos que fue durante el gobierno del Inca Pachacútec que los incas llegaron al valle, producto de la expansión imperial cusqueña, y que, propiamente, el que sometió a las diferentes etnias de la zona fue Tupac Inca Yupanqui, siendo todavía auqui. La conquista incaica se dio, según se recoge de varias fuentes, aproximadamente en 1460, como ya lo hemos mencionado anteriormente. No es necesario detenernos mucho en este punto. Las crónicas y demás fuentes también mencionan que estos fueron sometidos tanto de manera pacífica como violenta, lo que se explica si tenemos en cuenta que, precisamente, no existía unidad entre los que comúnmente se suele denominar como “los huancas”. Es decir, algunos ayllus se sometieron pacíficamente y otros resistieron. Tal parece que este último caso fue el de Tunanmarca, como lo menciona Espinoza Soriano (Espinoza 1971: 38), aunque tampoco refiere de de donde sacó esta información. En todo caso, los que resistieron fueron deportados a otras regiones del Imperio, mediante el sistema de mitmas. De la misma forma, se trajeron de otras regiones mitmas que se establecieron en diferentes puntos del valle, por motivos que no se pueden determinar con precisión. Para el caso de Jauja, por ejemplo, es notable la presencia de los Yauyos, ubicados en el distrito actual de Yauyos precisamente, y en el actual distrito de Muquiyauyo.
Una vez anexada al Tahuantinsuyo, la región pasó a denominarse Huanca Huamani, es decir se constituyó en una provincia de los Incas. Como también se menciona en las fuentes, los Incas dividieron la región conquistada en tres parcialidades, con el fin de poner paz entre los diversos sinches que estaban en constante disputa por conflictos limítrofes, lo que a su vez también es una prueba de que aquí no había ninguna unidad parecida a un reino. Estas tres parcialidades fueron Hanan Huanca que se ubicaba en las actuales provincias de Huancayo y Chupaca; Lurin Huanca que se ubicaba en lo que actualmente es la provincia de Concepción; y finalmente Hatun Xauxa que se ubicaba en la actual provincia de Jauja. O sea que los incas dividieron a los Huanca en dos parcialidades, y dejaron inmutables a los Xauxa.
En cada una estas parcialidades regentaba el poder un curaca, supeditado al régimen imperial cusqueño. De esta manera, cuando llegaron los españoles al valle, regentaba el poder en Hatun Xauxa Apo Manco Surichaqui, en Lurin Huanca don Jerónimo Guacrapaucar y finalmente en Hanan Huanca Macho Alaya, pero como ya lo hemos señalado sin capacidad de desarrollarse independientemente. A pesar de ello, sobre la base de lo que hasta ahora se ha publicado, se puede afirmar que los incas no quebraron el sentimiento de nacionalidad de estos pueblos, de manera que no habían sido completamente absorbidos por los conquistadores.
Además de ello, los incas establecieron un centro administrativo en la región, y la ubicaron en la zona que comprendía a los Xauxa, siendo este uno de los hechos más importantes para la historia de Jauja. Este era el centro administrativo de Hatun Xauxa, una de las llactas más célebres cuando llegaron los españoles al valle.

4. Hatun Xauxa
El establecimiento de Hatun Xauxa es uno de los eventos más importantes y significativos en la historia de Jauja. A partir de este momento se puede establecer una línea de quiebre en su devenir histórico, es decir un antes y un después. La predilección que tuvieron los incas por ella, es una de las varias explicaciones para una afirmación de esta naturaleza, además del rol clave y predominante que jugó en la estrategia de dominación imperial que tenían los cusqueños.
La ciudad fue “fundada” por Tupac Inca Yupanqui, durante el gobierno de Pachacutec, tras someter a los Xauxa y los Huanca, en una fecha que todavía está en la oscuridad, pero que debió ser en años posteriores a la llegada de los incas a la región.
Hatun Xauxa se caracterizaba principalmente por el almacenaje. Esto se comprueba al ver la gran cantidad sistema de colcas que aún son posibles de ser observadas en la actualidad, básicamente las que se ubicaban en las partes altas de los cerros aledaños, aunque la mayoría de ellas se encuentra afectada, sobre las de la parte ribereña, por el desarrollo urbano del distrito de Sausa, que se ubica prácticamente sobre el centro administrativo inca. Estas colcas eras las que aprovisionaban tanto al ejército imperial y al sistema de redistribución que ejercía el inca. Esto explica porque toda la amplia red de caminos del incario, de alguna manera estuvo conectada con Hatun Xauxa.
Las tempranas crónicas del siglo XVI coinciden en señalar el asombro que les causó a los españoles cuando llegaron al valle, principalmente por la riqueza que aquí encontraron, tanto en metales preciosos, principalmente oro y plata, pero fundamentalmente mantenimientos. Todo lo que contribuyó a formar una imagen idealizada de Jauja en su posterior historia, aquella que habla de un país de riqueza ilimitada: el País de Jauja. Esta llacta inca, de acuerdo a las informaciones vertidas en las crónicas, era una de las más importantes, sino la más importante después del Cuzco “una de las principales cosas que hubo en el Perú” diría Pedro Cieza de León hacía 1554. Para Edgardo Rivera Martínez la grandeza e importancia de Jauja no admite duda alguna, fue realmente la segunda ciudad del Perú (Rivera Martínez, s/f: 67). El mismo Cieza sobre la importancia de esta ciudad observa:
“En todas estas partes auían grandes aposentos de los Ingas: aunque los más principales estaban en el principio del valle en la parte que llaman Xauxa: por que auía vn grande cercado donde, estavan fuertes aposentos y muy primos de piedra: y casa de mujeres del sol: y templo muy riquísimo: y muchos depósitos llenos de todas las cosas que podián ser auídas. Sin lo cual auía grande número de plateros, que labrauan vasos y vasijas de plata y de oro para el servicio de los Ingas y ornamentos del templo. Estauan estantes más de ocho mill indios para el servicio del templo y de los palacios de los señores” (Pedro Cieza de León, Crónica del Perú. Primera Parte ?1553?, 1986: 242, 243).
La gran cantidad de la población es otro de los aspectos sobre lo que se llama bastante la atención en las crónicas, Cieza señala “Fue todo tan poblado: que el tiempo que los españoles entraron en él, dizen y se tiene por cierto, que auía más de treynta mill indios: y agora dubdo auer diez mill”.
Al respecto el apunte de Estete cuando llegaron los españoles al valle es elocuente:
“Hay de él (el pueblo de Xauxa) otros muchos pueblos sus objetos, y era tanta la gente que paresció allí de la del mesmo pueblo e sus comarcas, que otra semejante en un solo pueblo no se ha visto en Indias, por que al parecer de cuando los españoles lo vieron, se juntaban cada día en la plaza mas de cient mill ánimas, y estaban los mercados e otras plazas e calles del mesmo pueblo tan llenos de gente, que parescía cosa de maravilla su grandísima multitud” (Estete, 1929: 137).
Como ya lo adelantamos, siguiendo a Cieza de León, la riqueza de esta ciudadela y también la del valle, era una de las más importantes del imperio. Al parecer una de las causas para ello fue la predilección y cariño que tuvo Huayna Cápac hacia este lugar, donde mando construir un palacio con un jardín donde había plantas y figuras de oro, reproducidas del fabuloso jardín que existía en el Coricancha. Ello es corroborado por Diego de Córdova y Salinas “De todas estas provincias la de Jauja tenía el principado, porque en ella dicho Rey Huayna Cápac, edificó un magnifico palacio y un templo suntuosísimo del Sol y levantó una casa y convento de vírgenes dedicadas al servicio del campo (…)” (Diego de Córdova, 1957: 989).
En realidad son abundantes los testimonios que dan fe de la riqueza áurea del valle y enumerarlas extendería mucho esta parte de nuestro trabajo, no obstante conviene citar el comentario vertido por Raúl Porras Barrenechea al respecto:
“(...) estas referencias son absolutamente exactas. Las ovejas de oro con sus pastores del mismo metal, la fuente de oro con su chorro áureo, artísticamente labrado, las espigas de maíz de oro macizo, figuran en el inventario de los objetos llevados por Hernando Pizarro a Carlos V (...). En su carta de 10 de octubre de 1533, el Licenciado Espinosa dice al Rey que el Inka había ofrecido a Pizarro ‘seis ovejas y sus pastores y el prado en que pacian todo de oro y ochenta indios no le podían traer’” (Porras Barrenechea, 1967: 75).
A ello habría que agregar, como ya se observó al comienzo, la riqueza de mantenimientos existentes en el valle, aparte de las “(…) muchos depósitos llenos de todas las cosas que podían ser habidas” que menciona Cieza, la crónica escrita por Gutiérrez de Santa Clara, a propósito de las tropas de La Gasca en la región, esclarece esta idea:
"Cosa maravillosa fue de ver aquel valle de Jauja lleno de tanta diversidad de gentes naciones con tantos toldos y tiendas, y en ver tantos negros, y los indios de servicio y de carga como allí tenía. Y en ver tantos y tan buenos caballos, mulas y carneros de carga que era cosa extraña en pensar (de) dónde tanto bastimiento salía para mantener a tantos como allí había, por las raciones y proveimiento que a todos, chicos y grandes, se daba. Pues ¿qué diremos de los carneros y ovejas de la tierra que en cada semana se mataban?, que cierto fueron muchos en cantidad, porque a cada soldado se le daba de ración medio carnero para toda la semana, que son estos carneros muy grandes, del tamaño o casi como borricos de Cerdeña, y la carne de ellos es muy buena de comer” (Gutierrez de Santa Clara, 1964: 107-108).
Ello se corrobora al leer las Informaciones y Memorias, que han sido publicadas por Waldemar Espinoza Soriano (1971), presentadas por los caciques del valle a la corona española. En verdad es increíble la cantidad de bienes que se menciona fueron entregados por estos caciques a los españoles en diferentes momentos, principalmente en cuanto a mantenimiento (miles de carneros, fanegas de maíz, de trigo, de quinua, de papas, gallinas, leña y un largo etc.).
Podemos afirmar, basándonos en lo que hemos venido señalando, que la riqueza de la llacta inca Hatun Xauxa, cuando llegaron los españoles, e incluso durante la época inicial del virreinato, era un hecho real. Esta riqueza se basaba en cuanto a oro y plata, pero principalmente en cuanto a mantenimientos. Ahora bien, como ya se mencionó, todas estas riquezas fueron las que originaron la leyenda de Jauja como un lugar de sueño y riqueza ilimitada, tema que por si solo firmaría un estudio parte.

4. Comentario final
La idea central del presente trabajo ha sido enfatizar básicamente lo particular que ha sido la historia de Jauja desde tiempos muy antiguos. Esta particularidad puede ser remontada hasta el periodo formativo, o mejor dicho desde el establecimiento de la sociedad que se localizaba en la colina de San Juan Pata, como uno de los antecedentes más tempranos e importantes de nuestro proceso histórico. Lo importante en San Juan Pata, es el hecho de que fue un centro desde donde se expandió el desarrollo cultural hacia otras zonas de la región, o al menos un centro de influencia importante.
El otro momento trascendente cuando pensamos en los origines de la historia de Jauja, es la presencia de los Xauxa, la etnia que pobló gran parte de lo que ahora es el territorio de la provincia de Jauja. Durante mucho tiempo estos Xauxa han sido confundidos constantemente con los Huanca del sur, debido a muchas similitudes observadas en su cultura material principalmente. Esta confusión debe ser esclarecida y debemos enfatizar que en la memoria histórica de los jaujinos es poco lo que tienen en común con un pasado “huanca”, ni menos con esa fantasía que es la “Nación Huanca”. Los Xauxa son una etnia diferente a los Huanca, y ese pasado es el que debemos reclamar como nuestro.
Producto de aceptar sin mayor meditación ni contraste empírico básico, durante mucho tiempo se pensó en la existencia de un reino como el antepasado más importante de la región. A la luz de recientes investigaciones, desde la arqueología y la lingüística, y la lectura cuidadosa de las fuentes y las crónicas, hablar del mismo es insostenible y arriesgado. La misma configuración social del actual valle del Mantaro lo demuestra: ningún jaujino se siente, pues, “huanca”.
Finalmente, poco también es lo que se pondera al centro administrativo inca de Hatun Xauxa. Esto se puede explicar debido a que son pocos los restos arqueológicos que existen actualmente del mismo, salvo el impresionante sistema de colcas, por lo que visualmente no está presente en el imaginario de la colectividad. Esta imagen también debe ser cambiada y rescatar lo importantísimo que fue Hatun Xauxa dentro de la estrategia imperial cuzqueña de gobierno. Pero el punto más importante a tener presente de Hatun Xauxa, consideramos que es el hecho de la presencia del mismo en la zona, fue el origen propiamente dicho de la ciudad de Jauja, y en consecuencia de lo que ahora somos como jaujinos.
Junto con San Juan Pata y la etnia Xauxa, Hatun Xauxa es, con este criterio, el origen de nuestro pasado y nuestra memoria, y la fuente más importante para reafirmar nuestra identidad.
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