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La Calistrada: antiguo componente del Carnaval Jaujino
Carlos H. Hurtado Ames, historiador.

La imagen inmediata que tenemos del Carnaval Jaujino es la fiesta de los llamados “cortamontes”. Evidentemente es lo más representativo de esta festividad y ya se ha consolidado como el elemento definidor de esta representación con sus diferentes etapas: la traída y el cortamonte propiamente dicho.

No obstante, conviene tener en cuenta que esto no siempre ha sido así. Es decir, la fiesta ha tenido un proceso de complejización que pasa por la evolución de algunos elementos y el desgaste o pérdida de otros. Uno de estos últimos es la calistrada, una costumbre que prácticamente se ha perdido. En el presente artículo haremos una aproximación etnográfica a cómo se realizaba este antiguo componente del carnaval jaujino e intentar algunas reflexiones del porqué ha venido a menos en el proceso festivo, cooptado, prácticamente, por la celebración del árbol.

La Calistrada, aproximación etnográfica
La calistrada es una costumbre que se expandió como parte de la celebración carnavalesca en diferentes puntos de nuestro país. Consiste en el desfile de carros alegóricos muy vistosos por las calles precedidos del llamado “Rey Momo” y un séquito que lo secunda. Como ya señalé, es una costumbre que ha venido a menos en todo el proceso celebratorio del Carnaval Jaujino. Se han intentado algunas comparsas, aunque con discontinuidad, en los últimos años, lo que nos da idea de la pérdida de importancia que tiene en relación a épocas pasadas. Pienso que la celebración del carnaval en Jauja se ha trasladado casi en su totalidad al cortamonte, fiesta que se hace más masiva y compleja con el correr de los años, y por la que pasan muchos debates de reafirmación de una identidad, ya sea barrial o colectiva. En este sentido, es de suponer la desaparición definitiva de la calistrada con el correr del tiempo por lo anteriormente señalado. Una fiesta es exitosa en el sentido de los múltiples debates por la reafirmación de una identidad que genera y como los actores sociales se definen como participes de “algo”, básicamente en cuanto a pertenencia. Así hay quienes mediante el cortamonte se definen como de Huarancayo o de La Libertad, por poner ejemplos. Esto ya no sucede con la Calistrada.

Los datos que ahora presentamos corresponden a la manera como se realizaba la calistrada jaujina, de acuerdo a la información obtenida en algunos relatos de autores que iremos mencionando. Según Alejandro Contreras Sosa, el viernes, antes de carnestolendas, la población espera ansiosa el paso del “Correo de S. M. don Calixto”, que según refieren los ciudadanos es el rey de la risa y debe hacer ordenanzas que su voluntad impone para los días de carnaval, mediante bando leído y distribuido por pregones de su corte. “A las tres de la tarde del mismo día sábado, su Majestad don Calixto, toma la ciudad”.

El séquito de don Calixto se integra por lo siguiente: aparte de don Calixto, una mujer supuestamente bellísima llamada Pimienta, payasos, charros, incas, príncipes, esclavos, gauchos y murga de cantores, decretan libertad de juerga, imponen guerrear con globos, serpentinas y lazos de amor, siempre según lo presentado por Contreras Sosa.

Por su parte, César Núñez Arroyo observa que antes de los días de carnaval, anteriormente, vecinos de los barrios, especialmente los jaranistas, en determinadas horas de la noche se reunían en la casa de algún amigo, y allí nacían las nuevas melodías de las mulizas y huaynos, entre copas correcciones y chistes. En estas reuniones también nacimiento a los bandos para ser leídos a la entrada del Rey Momo y su séquito, con frases de denuncias jocosas que disimulaban la turbia vida de los ciudadanos “notables” y de autoridades pícaras; o de algún fulano que compartía su corazón con más de uno, sin herir ni insultar. Aquellos bandos, señala, contenían hechos y frases en castellano y quechua, que conmovían y alegraban a los ciudadanos de entonces.

La obligada concentración, unos años se iniciaba en el barrio de La Salud, otros en La Samaritana, otros en La Portada, hoy puente Ricardo Palma y otros en La Alameda, hoy Santa Isabel. Desde el punto de partida, se recorrían las calles con bullicio exagerado, que concordaban con sus pasos quimbosos, el estallido de los cohetes y cohetecillos, y sus vestimentas estrafalarias, cubiertos los rostros con máscaras de facciones mounstruosas, hechas de cartón, siendo la más terrorífica el de la calavera. Entre los disfrazados resaltaban los mendigos, tinterillos y curas; el resto imitando el vestir de ciertos ciudadanos que en algo habían perjudicado al pueblo, imitando su misma cadencia al caminar, y demás ademanes, que causaban jocosidad.

En cada esquina se leía el bando que siempre empezaba con la frase de: “Su Majestad don Calixto … Rey y Señor Omnipotente, dueño de la Corte Celestial …” Luego se describía hechos y cosas que algunos ciudadanos y entidades no habían cumplido. Después venía el decreto, con sus diez o quince puntos ordenando que tal o cual ciudadano debía cumplir con tal o cual cosa, o se le llamaba la atención para corregir sus errores, y se recomendaba que toda la ciudadanía olvidara su tristeza, que todo fuera alegría, y para su cumplimiento se designaba a tal o cual ciudadano. Luego se remataba con la firma de personajes inventados. Estos bandos se obsequiaban a los presentes.

Siguiendo a Núñez Arroyo, al terminar el largo recorrido, y adormecidos por el “Huajaycholo” ingerido, la comitiva terminaba en el lugar de partida; y después de un pequeño descanso, venía el baño, el cambio de ropas, para después darle la última repasada a las canciones preparadas para el gran desfile alegórico del día siguiente.

En el segundo día de carnaval se realizaba el desfile de carros alegóricos, donde participaban todos los barrios de antaño de Jauja: La Libertad, Huarancayo, Huacllas, La Samaritana, Cruz de Espinas, La Salud, Yauyos, Chinchán, con sus instituciones apoyando la efervescencia carnavalesca. Los carros alegóricos salían a las tres de la tarde de La Portada (hoy Ricardo Palma) precedidos de una comparsa y a una distancia de una cuadra de carro a carro. En cada carro alegórico iba una reina del barrio, y los varones hacía conocer su inspiración poética, acompañados de guitarras, quenas y mandolinas.

En el recorrido por las principales calle de la ciudad, mientras se cantaban las mulizas y los huaynos, el grupo que acompañaba a la reina, y a los cantores, ataviados con sus ponchos de vicuña, pañuelos blancos, sombreros de paño y cubiertos los rostros con antifaces, lanzaban desde el carro en movimiento, rollos de serpentina, conteniendo mayoritariamente sus mensajes de amor. Generalmente, este desfile de las comparsas, duraba hasta las siete de la noche, siempre con la presencia de numeroso público.

El cambio hacia la fiesta de los árboles
Comparando estas descripciones con la manera como se ha realizado la Calistrada en los últimos años, se aprecia un cambio notorio. En principio, vemos que la Calistrada era “la” fiesta principal del Carnaval. Si bien en los datos que hemos mostrado no muestran con precisión fechas, podemos suponer que debe de tratarse de mediados del siglo XX, antes del proceso de complejización del cortamonte, con la introducción masiva de la Banda de Música, que creo es el punto de quiebre.

Ahora no me detendré en cómo se hizo exitoso el cortamonte en Jauja porque sería parte de una reflexión más amplia de la que ahora quiero centrarme. Es decir, cómo estos elementos antes presentes en la calistrada se han trasladado al cortamonte. La calistrada tuvo cierto éxito debido a que tenía implicado debates de pertenencia a determinado grupo, no es casual, por lo mismo, que se diera una especie de competencia ritual y simbólica entre los barrios, la que ahora esta centrada en los mismos árboles.

Cómo pensar las iniciativas de “rescate” de la calistrada. Lo que pasa es que los fenómenos culturales se mueven mas allá de las voluntades, es más fluida. Como que el cortamonte se ha acomodado a la idiosincrasia del jaujino y es difícil que se traslade a otros eventos. Lo que no cambia desaparece. Si vemos los múltiples cambios y acomodos que ha tenido el cortamonte nos sorprenderíamos. Desde el cambio de la orquesta típica a la banda de música, la ropa de la jaujina, los diversos adminículos que se han ido integrando y otros desapareciendo, el cambio de los mismos adornos de los árboles, la misma manera de bailar; y que sumado sea, en gran medida, un ritual de cortejo y de agradecimiento a la vida, es una cosa fascinante. Un fluir constante.

A la calistrada, al final sólo la recordaremos como ese antiguo componente de lo que fue, pero que ya no es.
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