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La Huayligía de Parco
Mucha Ramírez, Adnan
E-mail: adromura@hotmail.com

En la ruta de Oroya a Huancayo en el Km. 60 y a 3,435 m.s.n.m. hay un pueblo llamado Parco, tierra que es mudo testigo de sufrimientos, alegrías y esperanzas de cada uno de sus hijos o todo aquel que lo visite en cada una de sus fiestas tradicionales y más aún cuando uno se convierte parte de ello.

Parco, tierra de manantiales, es uno de los pocos lugares en el que aún se sigue practicando una danza en el que se muestra un sentimiento por lo nuestro, esta representatividad es la Huayligía, danza que no tiene origen determinado y que según los abuelos data del siglo XVIII. Esta festividad se inicia cada fin de año con la recepción a la orquesta (grupo de músicos), quienes ensayarán el ritmo de las melodías que alegrarán durante los cuatro días de festejo; ya por la madrugada recorrerán las calles interpretando una armoniosa melodía particular de la zona en el que predomina el sonido de la flauta y con ello anuncian la llegada del nuevo año. Esta fiesta se realiza en honor AL NIÑO DIOS JESÚS DE PRAGA, motivo por el que se celebra por la mañana una misa en su honor y después de ello se realiza el ofrezco en la puerta de la iglesia con en el que da inicio su participación los danzantes de esta fiesta, como son: EL WAQUI, LA PASTORA, EL TAYTA HUAQUI Y LA MAMARAN ANTUCA, quienes hacen participar al público llevándolos de uno en uno a dar su óbolo voluntario y que a cambio recibirán una copa de licor si es mayor o unas golosinas si son niños.

Después de este evento pasan todos los participantes a la casa del mayordomo, quien ofrece una mishquipa que consiste en compartir la coca, la chicha, los bañuelos, los bocaditos de la zona y el infaltable licor.

En este evento resalta la participación del TAYTA WAQUI y la MAMARAN ANTUCA (es un varón que se disfraza de mujer) quienes hacen gala de agilidad y representan parodias de la vida cotidiana de una familia en el que cada uno busca ser dominante.

La fiesta continúa con el recorrido por las calles en el que los danzantes hacen gala de habilidades artísticas al compás de la melodías de la orquesta y el sonido particular de la flauta que predomina sobre los demás instrumentos.

Pasan las horas que pareciera que fuesen minutos y pasan los días que parecieran que fuesen horas y la alegría se convierte en tristeza cuando llega el último día de la fiesta en el que los danzantes lloran desconsoladamente porque tienen que partir hasta el próximo año; para ello realizan el LLAMAJERRO que consiste en señalar sus animales, razón por el que este día los danzantes llevan un animal disecado que representa a sus ganados.

Se inicia pasado el mediodía cuando el sol está en caída y todos tienden sus mantas para simular una mesa en el que van a compartir el SHAJTEO que consiste en queso rebanado aderezado con ají amarillo, los infaltables boñuelos y carne asada con cancha; todo esto para agasajar a los nuevos caporales o funcionarios que se harán cargo de las festividades del próximo año.

Después de degustar y compartir amenamente proceden a prender las bostas (estiércol seco de los ganados) que obtienen sustrayendo de las casas aledañas, y con ello lograr calentar la Chapa (marca) para señalar a cada uno de sus llamas, pero suelen coger a personas distraídas, a quien lo llevan por la fuerza para simular la señalación, en estos actos algunos hijos se dañan o se enferman y sus padres la Mamara antuca y Tayta waqui están para protegerlos y curarlo. Señalan siete o diez llamitas y el tiempo pasa la luz del día se va opacando como la fiesta hasta el próximo año.

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