Molinos en mi corazón
Carlos H. Hurtado Ames,
historiador.
En un análisis del proceso actual que vive la ciudad de Jauja, es imposible entrar en debate alguno sin tener en cuenta la participación de los distritos. No sólo por la nueva configuración social que se ha creado en la ciudad, a partir de los procesos migratorios del campo a la ciudad, sino más bien por la presencia o importancia que tienen en su devenir histórico, ya sea en el ayer o en el mañana. Visionarios como Víctor Modesto Villavicencio o Clodoaldo A. Espinosa Bravo, por citar solo dos nombres de los tantos que hay en Jauja, ya lo habían observado: el potencial de Jauja son sus distritos.
De uno de estos distritos es, precisamente, que se ha dado a ocuparme en este artículo. Lo que sigue, no es una crónica a Molinos, simplemente es un homenaje a ese maravilloso lugar, que al autor de esta nota, lo ligan afectos y vivencias personales, muy parecidas a la esperanza y la felicidad.
Consideraciones históricas
Molinos es un distrito de la provincia de Jauja que se encuentra aproximadamente a cinco kilómetros de la capital de provincia, o sea la siempre ponderada ciudad de Jauja. Al parecer no existe un trabajo importante sobre su historia, posiblemente no se haya elaborado una monografía general sobre el mencionado lugar, al menos es la impresión que tengo de acuerdo a un sondeo inicial.
Esto es un primer punto sobre el cual es necesario llamar la atención, aunque es un problema no sólo de Molinos, sino de casi todos los distritos de la provincia de Jauja. No obstante ello, hay mucha tradición oral sobre la cual se puede tener una imagen o una aproximación de su historia, que es una de las mayores riquezas de los pueblos.
Entonces, esta información oral nos dice que Molinos, como el nombre lo está indicando, era el lugar donde antiguamente se molían diversos tipos de granos. El nombre del lugar como tal figura desde tiempos coloniales, como lo demuestran varios documentos inéditos localizados en diversos archivos de la región; consecuentemente el tiempo lo ha mantenido. Como se deduce, la principal actividad económica era regida por los diferentes molinos que en la zona se erigieron, desde los tiempos coloniales hasta mediados del siglo XX, cuando supuestamente la actividad molinera se "modernizó" con la llegada de la luz eléctrica, lo que trajo como consecuencia el declive de estos antiguos molinos. A este factor de declive habría que agregar otro, el hecho de que el agua, necesaria para su funcionamiento, fue utilizada como agua potable de la ciudad.
Se menciona algunas familias como propietarios de estos molinos, antes de que vengan a menos, posiblemente los propietarios o las familias que usufructuaban la unidad productiva hayan variado durante la colonia y la república. Lo único que sabemos es que durante la colonia varios de estos molinos estuvieron en poder de curacas de la región, posiblemente una parte de ellos haya sido transferida a las comunidades campesinas. Ello se comprueba al observar actualmente que, al igual que el resto de las comunidades de la provincia, la comunidad campesina de Molinos es fuerte, con una considerable cantidad de terrenos cultivables en su poder.
El paisaje y la naturaleza
Reconforta el espíritu ver estos molinos, aunque ya en desuso. Algunos de ellos dejan traslucir claramente los momentos de una gloria ya pasada, la ruina inevitable por falta de cuidado se ha apoderado de ellos.
Evidentemente que en esto ha tenido mucho que ver una inexistente política cultural o turística, porque ello sólo puede ser el resultado de lo que se ha sembrado, y en este caso vemos, con cierto lamento, que no se ha sembrado nada.
Hay un magnetismo extraño en Molinos, magnetismo del cual no puedo dar una explicación valedera, pero que es posible sentirlo, sobre todo ahí, cuando uno ha subido a las alturas del Puywan, ese enigmático cerro que trasmite una paz espiritual de las que pocas veces he tenido conocimiento. Pareciera que todos los problemas de la humanidad están resumidos ahí; es decir, que convergen pero también que se bifurcan, porque, como sabemos, la esencia de la vida es la negación: todo lo bueno siempre tiene algo de malo, y todo lo malo siempre tiene algo de bueno; porque lo bueno no necesariamente conduce a lo bueno, e igual, lo malo no necesariamente conduce a lo malo. Si bien es cierto que, como dice Paul Válery, la más grande facultad de los seres humanos es la de ser alucinados, estando en el Puywan esto se comprueba de una manera total.
Son varias las apreciaciones y consideraciones sobre el Puywan, de las cuales ahora no puedo detenerme a dilucidadas, no obstante mencionaré una interesante y enigmática hasta la inconciencia: el Puywan es una de los vértices de la gran Pirámide de Egipto. Siento que no estoy a la altura de este conocimiento, ¿qué decir de aquello?, ¿qué decir de la torva conciencia, espectro de mi camino? Quizás una respuesta esté en el célebre axioma de William Blake: "Si las puertas de la percepción se limpiaran, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito". Cuando se alza la mirada desde ese lugar, uno se convence de una gran verdad: sólo Jauja tiene este cielo. Nunca he visto un cielo más azul, más límpido y más puro. ¡Ay de aquellos que no han aprendido la importancia del silencio!
No se puede dejar de mencionar en este recorrido a los famosos tallados en madera de los artesanos molinenses, y el elevado goce estético que producen estos trabajos, una sensación de mágica fortaleza se apodera del ser que los observa; la misma sensación la comprobamos al conversar con los propios talladores, como Martín Peña o Félix González, por citar dos nombres de los muchos que existen en Molinos, ¿cómo debió templarse el alma de aquellos hombres, para hacer las cosas que hacen, quizás sin parangón en otras tierras?
La plaza principal tiene un encanto particular, como la de la mayoría de las plazas del valle de Jauja, aunque la que se apreciaba hace algunos años era mejor. Un alcalde modernizante ha levantado un Centro Cívico en desarmonía con el espléndido paisaje, y, lo peor de todo, es que ha levantado unos muros de cemento y ladrillo, inexplicable desde todo punto de vista, ya que cierran unas de las esquinas; el paisaje de ese lado se presenta como una herida perpetrada, en consecuencia, por la ignorancia humana, a lo mejor la peor de todas las pobrezas.
Fuera de estas cosas desagradables, la magia de Molinos se introduce por nuestras venas y nos sentimos más que revitalizados. Bajando la colina, cruzando el río, frente al Puywan, está la casa del bisabuelo Juan Bautista de Ames, ahora prácticamente en ruinas, porque los que alguna vez lo habitaron, están ausentes y los que quedaron se han ido todos. En cada rincón, en cada árbol, en cada quinhual, hay un recuerdo. De niños, ¿cuántas cosas soñamos aquí?
Cuando uno está en este paisaje entiende por qué Jauja es la
inspiración del espíritu humano, por qué tantos poetas, escritores, pintores. Quizás lo son porque han nacido, precisamente, en Jauja.
Setiembre del 2001