Cultura Tunantera
Sociólogo Francisco Núñez Gonzales
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La festividad de Tunantada en pretéritos tiempos, un culto atávico a la fertilidad de la tierra, hoy una celebración pagana religiosa en honor a San Sebastián y San Fabián, que suele conmemorarse únicamente en el prodigioso valle de Jauja y por excelencia en el estelar del 20 de enero Yauyos-Jauja, mega evento que durante seis días al son de los Huaynos Tunanteros año a año se renueva con encuentros dancísticos, gúlicos, y dionisiacos que a modo de un chaparrón tunantero fertiliza también la psiquis y el tejido social del los Xauxas.
En este marco, la Tunantada más allá de su bella coreografía, de su indumentaria, de sus matices locales y de su origen, desde ya es la danza más emblemática que expresa y resume nuestra historia en particular, el singular mestizaje, la convivencia y el buen vivir del Jaujino; por lo que ha devenido en ser un valor cultural cuya esencia merece recrearse en otros planos, pues contiene digamos una suerte de caja negra, una filosofía, que si se trasuntara a la vida cotidiana, a la dinámica social e incluso al ejercicio de gestión, estos espacios individuales, colectivos y productivos resultarían fortaleciéndose y mejorando sus sistemas operativos y modus operandi.
Veamos, en lo fundamental, al son de la Tunantada es danzar en cuadrilla marcando distintos pasos al ritmo de una sola melodía y algo más que distingue la composición de la tunantada, cada danzante realiza una interpretación muy personal. Es decir, el danzante al tiempo que forma parte de una cuadrilla y dentro de ella a un grupo de danzantes, no pierde su individualidad, mas bien se esfuerza por destacarla y en un efecto sinérgico coadyuva en armonía con los demás bailantes en mejorar la presentación de la cuadrilla.
De allí que, si bien la festividad de la Tunantada no es un concurso, no deja de ser un evento competitivo, pues es evidente el empeño de los tunanteros en presentar cada vez mejores danzantes, prestigiosas y sonoras bandas y nuevos huaynos tunanteros.
Desde este enfoque, la Tunantada posee una filosofía que nos habitúa desde el gozo multitudinario a no perder nuestra micro autonomía, al tiempo que nos acostumbra a convivir fraterna, armónica y pacíficamente, en la cual la heterogeneidad no nos fragmenta mas bien es un recurso enriquecedor para nuestra integración, donde la competitividad y la reciprocidad van de la mano en un solo propósito de deleitar y sublimar la fiesta.
Si consideramos que participamos en un mundo cada vez más dramático y de veloces cambios, donde el futuro o futuros llegan tan pronto como devienen en pasado, la Tunantada es una raíz cultural clave y un recurso estabilizador para afirmar la identidad Jaujina, un modo de comunicarse, un vehículo con destino y consistente para navegar con destreza en la globalización, sin dejarnos absorber pero tampoco sin excluirnos de la modernidad, retomando y recreando lo nuevo bueno y viejo bueno de nuestra herencia cultural.
Glosaríamos, vivir en tunantada, es aprender del vigoroso y enérgico Tucumano bailar sin atropellar el fino y delicado danzar de la elegante Jaujina, es saber convivir en tolerancia respetando espacios y diferencias como lo hacen el gallardo Príncipe con la ostentosa Huanca y todos los integrantes de la cuadrilla.
Para finalizar, cabe reiterar, afirmando, que somos un país rico en recursos culturales por la cuantiosa herencia milenaria de múltiples culturas y civilizaciones que han emergido y se han desarrollado en nuestro suelo patrio, pero esto no es suficiente sino somos capaces de hacer de estos recursos, como la Tunantada, un vehículo cultural, que refuerce la arquitectura social y enriquezca nuestra identidad Jaujina, una fuente de valores que logre habituarse en nuestro modus operandi, un producto turístico que genere desarrollo, entonces diremos que vivir en Tunantada es como bailar en Jauja, vivir en Jauja es como bailar la Tunantada.