Jauja Cultural
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Sobre las críticas a cultura tunantera
Sociólogo Francisco Núñez Gonzales
E-mail: pacoxauxaperu@yahoo.es

La realidad como los hechos culturales, artísticos y folclóricos tiene una parte esencial y otra fenomenal, en el artículo precedente, Cultura Tunantera, he privilegiado lo primero, es decir extraer contenidos no visibles comúnmente para algunos.

He tratado de debelar una suerte de Software tunantero, exteriorizar algunos valores, pretendiendo reformatear nuestra mente, sugerí rearmarnos de ellos para afirmar nuestra identidad jaujina, de modo que navegando con brújula propia, en la globalización de estos tiempos, posibilite nuestro éxito.

Estas proposiciones no significan restarle importancia a otros factores del entorno, de un mega evento como resulta ser el 20 de Enero de Jauja-Yauyos, a las que alude en su crítica, la señora Soledad Mujica. Por lo que en esta oportunidad voy a abordar aspectos no dichos, y aclarar otros referidos por la comunicadora.

Hace unos días saliendo de la Casona de San Marcos me encontré con un paisano, afincado más de cinco décadas en Lima y refiriéndose al carnaval jaujino, se expresó: “esta fiesta debe acabarse, porque cada año se podan miles de árboles”.

Ciertamente el carnaval jaujino, uno de los más bellos y elegantes del ande peruano, se celebra con cortamontes (que en nada debe compararse con la huachafería de las yunzas) y cumplen con todo un ritual, que tiene varios momentos, uno de ellos, que mi paisano desconocía, es que en el Jhilo Huantuy, ahora previo a cortar un árbol de una campiña jaujina se siembra varios plantones de eucalipto, acto donde además participa la juventud. Este importante hecho es una reciente innovación al tradicional cortamonte jaujino, y no por ello, hoy es menos auténtico.

Sin renunciar a su cortamonte, el xauxa actúa como un “verde”, coadyuvando a preservar el equilibrio ecológico del planeta, incorporando lo bueno de las tendencias modernas, pues de haberse mantenido atrapado en un concepto estático y cerrado de tradición, serían unos depredadores más de los bosques.

Estas innovaciones, más de forma que de fondo suele suceder en las 16 danzas genuinas de Jauja, a las que, a demás, cada uno de sus 34 distritos le imprimen su sello muy particular.

El 20 de Enero de Jauja-Yauyos nos advierte estas mudas, justamente la mujer desde siglos atrás enclaustrada por el oscurantismo colonial que le negaba acceder y manifestarse intelectual y artísticamente, ha ganado espacios democráticos y de ciudadanía, la xauxa en sintonía con estas conquistas puede hoy expresar libremente su sentimiento tunantero, interpretando personajes de su propio género, danzando con atuendo de chupaquinas (huancas) o jaujinas. Esta incursión de la mujer no hace de la tunantada menos auténtica, a decir de un perito tunantero, el fino y delicado baile de la dama jaujina hace más bello y elegante, y enriquece la coreografía de los personajes en mención.

Lo esencial es que el personaje de la chupaquina representa a la dama originaria de la nobleza xauxa-huanca, la compañera del chapetón, simboliza la convivencia armoniosa y el status privilegiado de la mujer xauxa-huanca; la todopoderosa Catalina Huanca es la expresión más excelsa y paradigmática de este personaje.

En estos tiempos postmodernos no podemos seguir admitiendo prejuicios y dogmas propios de una sociedad, y de un pensamiento conservador y discriminatorio contra las féminas. Tampoco excluir, ni menos estigmatizar al tercer sexo ¿En nombre de qué se le puede negar a expresar sus cualidades artísticas a estos seres humanos?

Es de saber que los homosexuales de ambos géneros siempre tuvieron un lugar en las fiestas tunanteras del Valle de Jauja, pero en una sociedad de rasgos coloniales como fue, esta presencia era más de subsuelo y eclipsada, por la censura y la represión que pesaba sobre ellos; pero hoy, en una sociedad más democrática y libre gozan de mayor atención por la suntuosidad y el estilo más refinado que manifiestan. Esta alegoría no distorsiona ni al personaje de la chupaquina, ni jaujina. Y si se produjera cualquier exageración que intente deformar el atuendo y/o personaje, está prohibida por la normatividad de la Asociación de tunanteros (Título V, 6.5).

De modo que no hay tal proliferación de homosexuales como afirma la señora Soledad Mujica; cuantitativamente hablando, ellos representan solo el 0.7% de los danzantes. Como siempre la exageración y el escándalo lo anima la prensa amarilla y la psiquis prejuiciosa y morbosa de algunos espectadores.

En todos los casos los danzantes: mujeres, homosexuales de ambos géneros y varones son irreconocibles porque bailan con caretas y solo pueden quitárselos a las 20.00 horas, para ese entonces ha terminado la presentación de todas las cuadrillas tunanteras, como ordena el capítulo VI, 6.8 de la indicada norma, mas aún en el inciso 6.7 prohíbe beber en extremo y despojarse parte de su atuendo.

Por lo tanto, no hay momento en la presentación de las cuadrillas tunanteras para que un danzante desfigure al personaje que interpreta. Los tunanteros del 20 de Enero Jauja-Yauyos, como en todo el Valle de Jauja, antes de ser dama, varón u homosexual, son artistas tunanteros; eso es lo cardinal, tras la careta hay un ser humano jaujino de singular sensibilidad, con estilo personal y con sentimiento propio, donde no cabe las odiosas exclusiones de género, raza ideas y posición social.

De otra parte, he afirmado que la tunantada del 20 de Enero es un mega evento por excelencia; es la muestra más representativa de esta danza jaujina, y esto es una consideración muy objetiva por varias razones.

En esta celebración confluyen los más connotados artistas y danzantes del mundo tunantero, de gran prestigio y renombre ancestral, propios y ajenos cultivadores de este arte, entre ellas: Rosita Limachi, Oti Mayor, Doris Poves, Luz Aurora Yupanqui (la jaujinita), Leonor Yaringaño, Bertha Bueno, María Castillo (Catalinita del Centro), Lourdes Flores, Ana García (Corazón de Jauja), La Hualhuinita de Oro, Princesita de Mantaro, Yolanda Chumpitaz, Clery Díaz, Rosa campos, Erlinda Fernandez, Victoria Andrade, Yolanda Córdova, Gloria Chávez, Marcelina Taquiri, Gladis Yupanqui, Luzmila Avellaneda, Josefina Espinoza, Iraida Barzola, Nelsi León, entre otras. Toda una pléyade de chupaquinas y jaujinas tunanteras de alta calidad y diversidad interpretativa.

Lo esencial es eso, la tunantada no postula un modus operandi uniforme, robotizado y obtuso a la innovación, que son contrarios a todo espíritu artístico, más bien va incorporando elementos consustanciales al desarrollo económico social, transformando e incorporando personajes en diferentes épocas, como el Chuto decente.

Este personaje, un producto de la modernidad que se transformó desde inicios del siglo XX por el impacto del desarrollo minero y luego por la llegada del tren a Jauja en 1908, medios que generaron una mayor movilidad social y una intensa vinculación con Lima; como bien había previsto en 1860 Manuel Pardo. Por ello el atuendo del Chuto de Jauja lleva: tongo, camisa fina, fuete, pipa, botas y guantes de cuero, y hoy nadie puede atreverse a decir que dicho personaje y su atuendo no son auténticos, ni qué explicar de su coreografía de estilo elegante, decente y muy refinado.

El 20 de Enero de Jauja-Yauyos, es un producto de excelencia tunantera porque logra concitar en 6 días gozo y placer alrededor de 100 mil almas, procedentes del Valle de Jauja, del Perú y del exterior, donde alrededor de dos mil danzantes distribuidos en sus 18 cuadrillas tunanteras, a ritmo de las estelares orquestas centro andinas, llegan a deleitar a los espectadores, el 24 de Enero día central de la tunantada.

En su crítica, la señora Mujica menciona una serie de externalidades al festival tunantero, como: el comercio ambulatorio, los juegos mecánicos, vendedores de comida, parlantes, música chica, entre otros, que entorpecen a danzantes y espectadores; de esto podríamos abundar más detalles, pero mi temática no está centrada en hacer estas pesquisas operativas.

No obstante, debo reiterar que el 20 de Enero de Jauja-Yauyos es un mega evento, como tal ha rebasado la capacidad de control de las autoridades locales, responsables finalmente de la administración del festival y de lo que ocurre en su entorno; mas en cuanto a la presentación de las cuadrillas tunanteras, ésta es gestionada por la Asociación de Tunanteros, un ente muy respetado con principios, normas y reglas bien definidas, orientadas a preservar la calidad de la tunantada en todos sus aspectos.

Pero una vez más, vayamos a la cuestión de fondo, la tunantada que hoy se baila en Jauja-Yauyos, escenificada antes en los barrios La Samaritana, Huacllas, La Salud, La Libertad, restaurada a fines del siglo XIX por Pablo Suárez Núñez, tunantero de antigua estirpe, tuvo sus orígenes precisamente en una de las ferias de gran renombre de la época colonial, que se realizara en Jauja, evento muy atractivo para los comerciantes y arrieros de todas las ciudades del Perú y de los virreinatos de Nueva Granada y Río de la Plata. Jauja entonces era un eje andino, administrativo, económico y comercial, estratégico y acogedor; paso necesario que unía las rutas comerciales de los virreinatos de América con Lima.

Esta feria se desencadenaba en una multitudinaria vorágine festiva con cantos y bailes, de comerciantes extranjeros, regionales y compradores locales, se tornaba en un ambiente de fluyente licor y comidas, todo un desborde de caudales y alegría, donde el rioplatense bailaba como tucumano y el altiplano como boliviano, el xauxa a su estilo, la chupaquina como tal, un común espacio, donde todos los segmentos sociales confluían.

Por ello, el 20 de Enero Jauja-Yauyos ha de ser siempre una Gran feria y fiesta, una Gran fiesta y feria a la vez. Claro, hoy el contexto y la parafernalia es distinta, por ejemplo ya no se embriagan con chicha y vino, hoy se llega a beber cerca de 20 mil cajas de cerveza, con la animación de miles de vendedores: cantineros, pequeños productores de artesanía, potajes típicos, un gran mercado para todo comerciante; es una oportunidad de venta y ganancia.

Indudablemente que esta magnitud del evento origina problemas de ordenamiento, seguridad, etc. Pero nada de esto es novedoso, menos cataclístico. Aquí también, la cuestión de fondo no solo es el impacto comercial y económico en los pequeños productores que se ven favorecidos de la fiesta tunantera, sino además la interrelación social, el encuentro cultural que produce una mixtura viva nutriendo y afirmando la identidad jaujina.

El magma, la esencia, el armazón de la tunantada y todos sus elementos que convergen y que le dieron origen, se mantiene viva en Jauja y no cabe hacer parangón alguno con un respetado y pueblerino evento tunantero de Jauja-Huaripampa, tan visto como los diversos eventos tunanteros de los demás distritos de Jauja, y de sus cerca de 300 fiestas en el año.

Finalmente, mirar lo que no se ve, mostrarlo y revalorar lo útil y bello de nuestra cultura, saber quiénes somos y de dónde procedemos “desde qué lugar vivimos la vida” es fundamental para reconstruir nuestras nacionalidades principalmente mestizadas e integrarlas a un gran proyecto nacional.

FNG/MARZO 2006
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