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Los orígenes del culto a la Virgen del Rosario en Jauja
Carlos H. Hurtado Ames, historiador.

El culto a la Virgen del Rosario es uno de los más importantes de la sierra central del Perú. La celebración más trascendente se da en la provincia de Jauja en el primer domingo de octubre de cada año. Se trata de una de las principales festividades de Jauja y por la cual pasan muchos de los debates que hay sobre la identidad de los jaujinos.

Dentro de ello, ocupa un lugar de particular importancia el tema del origen del culto, sobre el cual se han escrito algunas páginas, las muchas de ellas carentes, por cierto, de objetividad. Este es el tema del presente artículo. (1)

Los datos históricos sobre la llegada de la Virgen a Jauja no son precisos. De un lado se ha asumido que en 1994 se han cumplido cuatrocientos años de presencia de la Virgen en nuestra región, o sea que llegó a Jauja en 1594; y de otro que el culto comenzó posiblemente en 1544, como es la versión manejada por Clodoaldo A. Espinosa Bravo en su famoso trabajo sobre la Virgen del Rosario que aparece en Jauja Antigua (1964), quien además agrega que la imagen era un obsequio de los Reyes de España a los dominicos del Cusco. Estos datos no pueden ser confirmados ni corroborados, aunque tampoco rechazados de plano, debido a la inexistencia de investigaciones sobre el particular, a más de las muchas especulaciones que se tejen al respecto. Pero ateniéndonos al hecho histórico, es indudable que la imagen de la Virgen que ahora se venera en la Iglesia debió llegar en algún momento del siglo XVI y que debió ser traída por los dominicos, orden misionera que fomentaba el culto a la Virgen del Rosario dentro de la piedad mariana. Imágenes de María, de tanta celebridad, como las del Rosario de Chiquinquirá en Colombia, la de Lima, Córdova y Puebla, fueron traídas por ellos. También es probable que fuera un obsequio de los Reyes de España, ya que ellos tenían por estilo enriquecer las iglesias que se iban fundando en sus dominios, como sucedió con la imagen de la Virgen del Rosario que se venera en Lima, la misma a la que en 1541, ya se le tributaba culto en su iglesia (Rubén Vargas Ugarte, Historia del Culto de María en Iberoamérica, 1947: 498).

Al igual que la famosa efigie de Lima, la imagen de la Virgen del Rosario de Jauja es de tamaño natural y muy hermosa, en su rostro parece que se aúnan y dan la mano la majestad de la Reina y la dulzura de la madre. El niño, a quien sostiene en el brazo izquierdo, es también obra perfecta. Que es una imagen muy antigua dentro del coloniaje lo acredita el mismo estilo de la efigie, en el que se advierte el influjo del Renacimiento Italiano. En todo caso, un estudio más detallado de la imagen, desde la perspectiva de la historia del arte, puede dar luces sobre su origen y antigüedad, el mismo que también deberá incluir aspectos relacionados al célebre altar barroco donde se la venera.

Ahora bien, es conocido el relato mítico que explica las causas por las que la Virgen se queda en Jauja, el mismo que se ha difundido más extensamente a partir del ya mencionado trabajo de Clodoaldo Espinosa Bravo (1964). Según este relato, la imagen debía ser conducida al Cusco, pero al hacer pascana en Jauja se desató una fuerte tormenta de granizo, lo que fue interpretado por la feligresía como una expresión del anhelo de la Virgen de quedarse en Jauja. Si bien se trata de un relato común a varias regiones del Perú sobre el origen de algunas devociones, es interesante observar como en Jauja desde una época temprana, el culto a la Virgen del Rosario adquiere importancia, no sólo en el aspecto religioso, sino sobre todo en la social y cultural, dándole una particularidad que difiere a los demás cultos marianos en el valle de Jauja, ahora valle del Mantaro.

No se tiene informaciones de cómo se desarrollaban las festividades y el culto en honor a la Virgen del Rosario durante la colonia. Sin embargo, sabemos por documentación existente en diversos archivos, que existía una cofradía del Rosario en Jauja, a la que la elite, ya sea indígena o española, entregaba diversos tipos de donaciones, principalmente tierras de pan llevar. La importancia de la veneración y devoción rosariana en Jauja se comprueba al ver que en los testamentos otorgados en aquella época, además de pedirse en gran mayoría como intercesora a la Virgen María, se pedía explícitamente ser enterrados a los pies del altar de la Virgen del Rosario de Jauja.

La veneración fue creciendo y por tal motivo se mando edificar el retablo barroco donde ahora se la venera. Este retablo data de la tercera década del siglo XVIII, según documento localizado en el Archivo Regional de Junín, donde se muestra las características que se establecieron en aquella ocasión para su construcción y quienes fueron lo que participaron en la misma. Por la amplitud de los datos con los que contamos, dejamos su desarrollo para otra oportunidad.

Para concluir diremos que no hay una fecha precisa y objetiva sobre la llegada de la imagen de la Virgen del Rosario a Jauja. Las fechas de 1544 y 1594 carecen de respaldo empírico documental y es muy dudoso que sean verídicos. No obstante, si es posible afirmar que la Imagen llegó en algún momento del siglo XVI. Las razones de que porqué se trajo la Imagen son también oscuras. Indagar sobre las particularidades de la devoción cristiana en Jauja durante los años iniciales del coloniaje puede dar más luces al respecto.

1: Algunas de las ideas que aquí expongo tienen un sustento más amplio en la “Introducción” que hice para el libro La Fiesta del Rosario. El culto a la Virgen del Rosario Patrona de Jauja (Halckon Editores, 2005).
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