Meditaciones en un micro
Maritté Fierro Bravo
Directora de Pyos y Cooperación Técnica - ADALID
E-mail:
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“La vida es un momento entre dos eternidades” lo leí en un micro casi vacío parado en plena Av. Tacna, un día de mayo, buscando noctámbulos. Era la atmósfera, el momento y ambiente agradable para ponerse a filosofar sobre la vida: hacia donde vamos o hacia donde nos empujan.
Quien soy yo, yo tan solo soy un muchacho universitario de apenas 20 años, tímido y de su casa que se levanta muy temprano, y sale a buscar trabajo, llevó puesto un terno desgastado que fue de mi hermano mayor, me queda un poco grande, mamá hizo lo que pudo. Retornaba a casa después de deambular por esta mísera ciudad, fue un día como cualquiera donde camine mucho sin encontrar nada.
Pensaba y una lluvia de ideas surcaban mis pensamientos, recuerdos de niñez, tristezas, alegrías y amores, mas esto parecía un aguacero, no una lluvia sino un aguacero, cuando una tierna mirada me distrajo, eran los ojos de un niño que sonriente me ofrecía unos caramelos de limón, iva vestido con un descolorido trajecillo que contrastaban con la viveza de esos ojos y la luz de esa sonrisa, y comprendí que a veces tan solo es necesario mirar el entorno y escribir sobre ella, a este niño lo vemos a diario es una triste mezcla de vendedor y de mendigo creativo. Muchos los apoyamos, otros somos indiferentes y en otros llevamos el sencillo justo para pagar el pasaje, es decir andamos ajustados.
Otro personaje, que es una compañera constante de nuestros viajes son esas madres con ojos tristes, demacradas, desesperadas, luchadoras, que aun llevan polleras y monillos multicolores que no les importa que le digan “paisanas” en tono burlesco, porque saben que cambiaron la tranquilidad del campo por esta áspera ciudad, vinieron en busca de mejoras, mejoras que parecen alejarse de ellas y van dejándolas en un vaivén de atroz pobreza, lo único que les importa es que esta pobreza no le se hereditaria a sus hijos.
Delante de mí, viaja un anciano, va leyendo un periódico, tiene los zapatos empolvados y un sastre de corte antiguo, no cabe duda, es un jubilado. Tal vez, igual que yo este buscando trabajo, pero aquí ser viejo es un pecado, pero esta prohibido llorar, y él lo sabe.
Por que será que esta noche me parece más triste y melancólica, debe ser porque cada día me siento más ínfimo, porque la vida se encarga de enmarcarme en una pintura descarnada de una triste realidad y voy comprendiendo por que se gestan los rebeldes matizados ante un sueño de una sociedad diferente evocando la memoria del Che Guevara, porque él observó, lo que tu y yo seguimos observando.
Personas cuyos sueños se niegan ahogarse, cuyas penas y angustias dejan de ser llevadas con dignidad, porque la indolencia e indiferencia parece apoderarse de muchos corazones, ante un individualismo que nos esta matando. Sabemos criticar y señalar al dedillo pero no sabemos alentar ni dar la mano, es una triste herencia española que no podemos erradicar.
Por eso, tú que estas leyendo mis reflexiones, tu que eres jaujino como lo soy yo, no olvides que necesitamos seguir adelante juntos, dejando huellas, huellas que no se borren y que hagan de nuestra Jauja una ciudad diferente.